Me gusta hablar con Sergi, es un soñador, un deportista, es un perezoso hijo de puta que vive en un traje de piel, en un traje cosido a base de sentimientos y piel, y eso no acostumbra a estar de moda. Pero dice lo que yo le digo, aunque no siempre esté de acuerdo ni mis palabras sean bien recibidas, él no tiene la libertad para negarse. Tampoco la necesita. A veces tan poco que decir y tan urgente decirlo.
Mis amigos me dicen que no me preocupe, que tarde o tempranos se cansará y se irá, pero el tío llega y me insiste en que le acompañe al terrado y me cuenta su plan de falsificar la luna. Dice que ella es la única que sabe que el amor verdadero es lo que pasa entre dos personas que ya no necesitan conocerse. Tal vez tenga razón y estas cosas sea mejor que no lleguen a saberse.
La comunicación que se establece entre lo que uno dice y lo que los demás entienden queda en ocasiones frenada por el impacto de la interpretación que cada uno hace de las palabras, de las ideas, de los textos... Si traspasamos la cuarta pared el diálogo será más fluído. Que todo fluya pues...
viernes, 17 de julio de 2020
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