lunes, 30 de noviembre de 2009

Una ola

El mar sólo es un conjunto de olas sucesivas, igual que la vida se compone de días y horas, que fluyen una detrás de otra. Parece una división muy sencilla, pero esta operación, incorporada a la mente, ha salvado del naufragio a innumerables marineros y ha ayudado a superar en tierra muchas tragedias humanas. En medio de un gran temporal, el navegante piensa que el mar encrespado forma un todo absoluto, el ánimo sobrecogido por la grandeza de la adversidad entregará muy pronto sus fuerzas al abismo; en cambio, si olvida que el mar es un monstruo insondable y concentra su pensamiento en la ola concentrada que se acerca y dedica todo el esfuerzo a esquivar su zarpazo y realiza sobre él una victoria singular, llegará el momento en que el mar se calme y el barco volverá a navegar de modo placentero. Como las olas del mar, los días y las horas baten nuestro espíritu llevando en su seno un dolor o un placer determinado que siempre acaba por pasar de largo. Cuando éramos niños desnudos en la playa no teníamos conciencia del mar abstracto sino del oleaje que invadía la arena y contra él se establecía el desafío. Cada ola era un combate. Había olas muy tendidas que apenas mojaban nuestros pies y otras más alzas que hacían flotar nuestro cuerpo; algunas llegaban a inundarnos por completo con cierto amor apacible, pero, de pronto, a media distancia de nuestro pequeño horizonte marino aparecía una gran ola muy cóncava adornada con una furiosa cresta de espuma que era recibida con gritos sumamente excitados. Los niños nos preparábamos para afrontarla: los más audaces preferían atravesarla clavándose en ella de cabeza, otros conseguían coronarla acomodando el ritmo corporal a su embestida o subidos a algún artilugio de goma repleto de aire y quienes no veían en ella una lucha concreta sino un peligro insalvable quedaban abatidos y arrollados. Con cuanto placer dormía uno esa noche con los labios salados y el cuerpo cansado, abrasado por el sol pero no vencido. La práctica de aquellos baños inocentes en la orilla del mar es la mejor filosofía para sobrevivir a las adversidades. El infinito no existe, el abismo sólo es un concepto. Las pequeñas tragedias de cada día se componen de olas que baten el costado de nuestro navío. La única sabiduría consiste en dividir la vida en días y horas para extraer de cada una de ellas una victoria concreta sobre el dolor y una culminación del placer que te regale. Una sola ola es la que te hace naufragar. De esa hay que salvarse. El resto sólo es mar, nada más ni nada menos. Nademos…

lunes, 23 de noviembre de 2009

Y comieron perdices... ¿Seguro?

¿Y si “colorín-colorado” este cuento no se ha acabado?. ¿Y si en vez de comer perdices se liaron a hostias? Y si todos los cuentos clásicos de siempre no son verdad… y los miramos con ojos actuales y nos damos cuenta del error, que estaban mal interpretados, bien escritos pero mal entendidos. Y si Caperucita no iba a ver a su abuela sino que tenía un asunto con el leñador y el lobo sólo fue una mera excusa para justificarse… Y si los 7 enanitos tenían a Blancanieves esclavizada para atraer a príncipes azules o verdes y robarles y quedarse con todos sus bienes, o la propia Blancanieves era la jefa de la banda y su sello era dejar una manzana en casa de a quienes robaba… Y si Cenicienta se fue a las 12 de la fiesta porque se aburría con tanto pijo y se largó a una “Rave” descalza porque los jodidos zapatos le apretaban y le sacaban ampollas… sus hermanas mayores la esperaron a la salida y se marcharon a por diversión las tres juntas… Y si la mamá de Bambi no murió, aprovechó el follón del bosque y se fue abandonando a su hijo a su suerte cansada de no poderse sentir realizada como cierva… Y si los cuentos que nos han contado toda la vida a fuerza de ser contados han dejado de ser de una vez lo que eran las otras veces… Y si nada de lo que vemos es cierto, no nos podemos fiar de nadie ni de nada y el futuro no es más que una forma verbal complicada de alcanzar. O lo que es peor… Y si colorín-colorado este cuento que vivimos se ha acabado, entonces… ahora ¿Qué?. ¿Y si dejo de decir sandeces? ... Por fin una coherencia, aun no está todo perdido… aunque mientras tanto mucha gente, demasiada, siga viviendo del cuento.

martes, 3 de noviembre de 2009

Esto es la vida

Y de repente sentí: Esto es la vida… Esto y no más. Y palpé su forma cierta, la adiviné mortal. El alma alerta, vibró un instante… estremecida. El rojo amor con honda y profunda sacudida, abrió la puerta, no sé si la penúltima. Y se levantó el viento, y allá en el fondo de la distancia abierta, me pareció ver brillar mi muerte entra la luz dormida. Esto es la vida, me dije, y esto es la muerte. Ésta es la tersa luz, la honda y profunda luz suave, la pasión cósmica, el sueño inerte. Esto eres sólo, si, le grité. Y con paso firme me adelanté hacia el fondo para verte, llegué a la puerta y le di vuelta a la llave. Nos vemos, vida, nos vemos, muerte…