viernes, 23 de septiembre de 2016

Elige Vida

Lo más asombroso de crecer es que te cuenten tu propia vida dos veces. Todo el mundo opina. Lo cierto es que la vida cuanto más la cuentan los que no han vivido, más alucinas: Ahora resulta que se no muere por amor. Al final uno no es dueño ni de las razones de su muerte. La tristeza es confusión, el mal de amores se puede reproducir químicamente en un laboratorio de Wisconsin, el universo da vueltas en Bélgica, debajo de la hierba. Las pistolas no las cargaba el diablo, que no existe; a los hombres no les pueden las causas más nobles, sino una pequeña disfunción en el córtex. Al tobillo de Aquiles no le pasaba nada, Sansón no perdió el pelo sino la autoestima.

Pero de alguna manera nos empeñamos en seguir viviendo. Tal vez porque aún recordamos el segundo en el que nada estaba aún escrito. La historia, por otro lado, no es mejor que nosotros. Y hasta es posible que a pesar de todo, y digan lo que digan los neurólogos y los santos, casi todos los que han muerto murieran por amor. Y sin poder evitarlo.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Pausas

Cuando llegó el jueves y se hizo de noche los fantasmas de la ausencia empezaron a adueñarse de todo… Mientras se desintegraban los sueños, se multiplicaban los fantasmas. La risa como cosa del pasado, el llanto llovía desbordado. Aprender a vivir en compañía fue negarse a vivir en soledad. El aire se hace denso, los días se hacen largos y las noches son infiernos de insomnio y melancolía. Tantos jueves, tantos días y sólo aquel, de fecha cualquiera, marcó el principio de un final en pausas. Ese día empezó lo que terminaba…


viernes, 9 de septiembre de 2016

Silencio

Somos nosotros mismos, regidos por la audacia de nuestras mentes y los latidos de nuestros corazones, los artesanos únicos de cuanto hay en nuestro pequeño mundo. Ahora sabemos que lo único que conviene a ciertas situaciones es el silencio. Encerrados en la coraza de las ilusiones personales, treinta siglos de la historia de la humanidad parecen menos, al mirar hacia atrás, que treinta años de nuestra propia vida. 
Miro al mar con la esperanza de encontrar en una ola la callada bienvenida de alguien paciente dispuesto a escuchar mi silencio. 

viernes, 2 de septiembre de 2016

Peces, Árboles y Anillos

Los árboles y los peces se parecen en los anillos. En un corte horizontal a un árbol veríamos sus anillos en el tronco. Uno por cada año transcurrido. Los peces también tienen anillos pero en las escamas. Y al igual que sucede con los árboles, gracias a ellos sabemos cuántos años tiene el animal. Los peces nunca dejan de crecer. Nosotros sí, nosotros menguamos a partir de la madurez. Nuestro crecimiento se detiene, y los huesos se secan. El cuerpo se encoge. Los peces, sin embargo, crecen hasta que se mueren. Más rápido cuando son jóvenes y, a partir de cierta edad, más lentamente, pero no dejan nunca de hacerlo. Y por eso tienen anillos en las escamas que crea el invierno, es el tiempo durante el cual el pez come menos, y el hambre deja una marca oscura en sus escamas porque su crecimiento es menor en esa época. Al contrario que en verano
El anillo de los peces es microscópico, no se ve a primera vista, pero ahí está. Como si fuera una herida. Una herida que no ha cerrado bien. A nosotros, como a los anillos de los peces, los momentos más difíciles nos marcan nuestras vidas hasta convertirse en la medida de nuestro tiempo. Los días felices, al contrario, pasan deprisa, demasiado deprisa, y enseguida se desvanecen.
Lo que para los peces es el inverno, para las personas es la pérdida. Las pérdidas delimitan nuestro tiempo; el final de una relación, la muerte de un ser querido. Cada pérdida es un anillo oscuro en nuestro interior. Como los peces, como los árboles. Como la puta vida…