viernes, 23 de diciembre de 2011

Sueños

Sin apenas darte cuenta el sueño te invade, lo hace como la pleamar, de manera sutil pero tajante. No intentes resistirte. No podrás. Es un sueño profundo, de esos como cuando somos recién nacidos y los problemas están por aparecer, es un sueño sin límites; ni el timbre del portal de casa o el sonido del teléfono, ni el ruido de los diferentes vehículos que pasan por la calle, nada de todo eso llega a tus oídos. No sientes dolor ni soledad. El mundo del sueño es cuanto existe y es por eso que soñando vemos todo mucho más claro. La almohada no da respuestas, pero ayuda a comprender mejor las preguntas.

¿Que si soñamos? Por supuesto que sí, hemos aprendido a soñar y lo soñaremos todo…




viernes, 16 de diciembre de 2011

Deseos



Que las cosas son como son es algo tan irrefutable como redundante, no obstante, cada día al llegar su momento, anochece y el mundo deja de ser el mismo que el día anterior, tampoco tú eres el mismo que ayer. Y tus necesidades cambian, junto con tus circunstancias, junto con tus deseos.

En estos días de “desear”, elegiremos la opción: “Convertir” y obviaremos la de “Formular”. Dejaremos las fórmulas para los libros de Excel y las carreras de coches. Si te acostumbras a no conseguir nunca lo que deseas, acabas por no saber incluso lo que quieres. Es eso del pez que se muerde la cola. ¿Quién desea ser un pez?

viernes, 2 de diciembre de 2011

Surcos

Hubo un tiempo en el que los surcos de un disco (vinilo) ponían la banda sonora a las historias de aquellos que lo escuchaba; Sentían y te hacían sentir. Era cuando regalabas un Long Play (“LP”… ¡joder! Si hasta el nombre suena a antiguo) bien envuelto con un lazo cruzándolo y con una dedicatoria escrita a mano en la portada y… era un pedazo de regalo, algo especial entre el regalador y el regalado. Un detalle que unía. Y no es que me parezca bien o mal que la gente se descargue cosas por la red (Que de un paso adelante quien esté libre de culpa) pero no es lo mismo pasar un CD ó DVD “fabricao” en casa que ofrecer un trocito de objeto personalizado.


Que sí, que un cd se puede personalizar, colorear y hasta ponerle piscina con trampolín pero… no es lo mismo. Como no lo es regalar un libro o dar unas fotocopias grapadas con la misma historia. ¿Por qué? Pues porque no tiene surcos… no tiene ¿alma?. Nada, no sienten.

Y me debo estar haciendo viejo porque hace poco, en una tienda de música de las Ramblas vi en un cajón de “Ocasión” una obra de arte tremenda a precio de saldo: “2” euros. Era el Disco “London Calling”, The Clash 1979. Sus surcos habían dejado de sentir… pero a mí me dio pena, señal de que aun tengo surcos y ya se sabe que quien tiene surcos pues ya tiene algo.