viernes, 29 de junio de 2018

Vacaciones

Mira a quien te mira con ojos cerrados. Dentro del corazón hay una fuente generadora de luz. Dormidos los ojos, no hay serenidad mayor que estar tumbado frente al mar, con la brisa marina por compañera y las agujas del reloj enterradas bajo la arena. El mar nos ofrece sus olas que lentamente se acercan. Sin sombra de guerra. Sin restos de lágrimas. Mientras, me voy convirtiendo en una fotografía antigua. Antes de que yo me dé cuenta, ya habré desaparecido…

viernes, 22 de junio de 2018

500 Kilómetros

No necesito que nadie me recuerde donde estoy ahora, ni mis aciertos ni mis errores. No necesito a nadie que marque con tiza todas mis caídas ni aplauda mis triunfos. La vida va por rachas y tú sabes lo triste que resulta encontrarse con las sobras sin recordar la comida. Nunca he pretendido tener tierra suficiente para todos mis agujeros. Nunca pensé en caballos rápidos ni en cartas altas. Prefiero pensar que todo lo bueno al final vuelve, con esfuerzo, con ganas y con ilusión. Aunque sea como apostar más de lo que tienes a un caballo cojo. No soy pesimista pero sopeso la pérdida para tener el equilibrio real de lo ganado, intento no salpicar de mis problemas a mi gente y aligerarles de los suyos. Mi cordura llega a través de mi locura. Y ahora, que me conoces, ya sabes que nadie que no esté loco trataría de buscar la felicidad en un mundo donde los violadores pueden salir libres a la calle porque viven a 500 kilómetros de la víctima.

viernes, 15 de junio de 2018

Héroes

Yo escribía canciones. Era feliz, la gente no tanto pero yo sí, me vine arriba y me pasé a escribir relatos. La única manera de hacerse mayor con dignidad en el precioso oficio de autor es la de seguir la escuela de mis héroes, Bowie (EPD), Dylan, Sabina, Serrat… esos “viejos” poetas/cantantes, a los que cada vez veo con más admiración. Los grandes, cuanto mayores son, mejor, como los flamencos. Ese es el camino: un compromiso total con la artesanía de tu oficio, con la honestidad, con la creación. Si sigues fiel a eso habitas el único espacio de la edad en el que envejecer mola. Para el resto de las cosas es una putada. Ya no echo de menos ser un autor joven. No me apetece estar tan acelerado como entonces. 

Ahora me toca escoger más los textos y también tratar de alimentar la creatividad de mis hijos. El pequeño tiene una divertida vena artística, al mayor lo veo másterrenal. Echo la vista atrás y veo que mi educación fue humilde pero buena. Mis padres eran responsables y nos miraban las notas y repasaban los deberes. Yo flipaba cuando a mis compañeros sus padres, que jamás les repasaban nada, les echaban la bronca por las notas en el boletín semanal. Entiendo que, sin cortar iniciativas ni alas, hay que organizar un poco la vida de los hijos. Eso nos mantiene jóvenes siempre, no importa la edad.

viernes, 8 de junio de 2018

Hachas

Sé que las sensaciones no se pueden almacenar, que no son como videos o fotografías. Sé que las sensaciones son cosas que añoramos, como cuando ves a tus hijos irse en el coche del abuelo, van en los asientos de atrás, te miran, te saludan resignados como diciendo por qué no te vienes con nosotros. Te sonríen y se despiden moviendo la mano. Eso es lo que tienes que aprender a manejar con el paso del tiempo para no ir directo al acantilado más cercano y saltar sin pensar demasiado. A veces las emociones son demasiado fuertes para ser contenidas dentro de un cuerpo humano. Estamos tan acostumbrados a no ser imprescindibles para nadie que de repente serlo puede resultarabrumador. Así que ahí iba yo, los días que podía llevar a mis hijos al cole, agarrado de sus manos, aunque ellos pensasen lo contrario. Aprovechando ese contacto que sabía efímero. Se soltaban y esperaba a que volviesen, aún sé que van a volver, aún me necesitan.Sus manos se acoplan a las mías como Koji Kabuto en la cabeza de Mazinguer Z. (Es que tengo una edad, sí).

Ser escritor es como ser leñador y más si la formación surge por vía directa de la vida, de la calle. Luego claro está hay que sacar el hacha, afilarla, y sabercontar la historia, en la economía de la palabra está la fuerza de la historia. No todo el mundo sabe utilizar un hacha. Es normal, no es fácil el manejo. Más difícil es aún utilizar un hacha para tallar cosas complicadas, cosas resistentes al tiempo en su propia “fragilidad”. No, no es fácil el trabajo del creador, has de estar pendiente de demasiadas cosas. La literatura tiene demasiados frentes abiertos y lo que no se te va por el estilo se te va por la forma o por la estructura o por la construcción de los personajes o por la credibilidad de lo que cuentas o por el cierre de la historia. Bufff, dan ganas de pegarle un hachazo al ordenador y mandarlo todo a la mierda…

viernes, 1 de junio de 2018

Ver o Mirar

Las razones que conforman el gusto personal es la vía por la que nuestra sensibilidad y nuestra experiencia se infiltran para condicionar la mirada. Todos hemos escuchado a quienes enfrentados a un cuadro de Miró o Picasso dicen eso de: “S esto lo puede hacer mi hijo”. Este brote de ingenuidad, de pensar que lo sencillo es fácil, caracteriza la prepotencia de nuestra sociedad. Y es que en la formación de una mirada hay otros componentes aún más sutiles. En los colegios no se enseña a mirar, seguramente muchos padres lo considerarían una chorrada y se quejarían por ello. Sin embargo, la capacidad para plantarse ante la naturaleza y sencillamente mirarla con aprecio conforma un cerebro sensible. Vivimos en un mundo cargado de opiniones despreciativas, porque son más fáciles que las apreciativas. Para apreciar algo habría que conocer en primer lugar su proceso material, luego su sentido, finalmente valorar su impronta y a largo plazo tener en cuenta el comentario social que ha adquirido. Es decir, hay demasiados elementos enriquecedores de una mirada, así que mejor optar por la patada, el escupitajo o el insulto.

Otro tema de estudio es que la admiración se haya convertido en una deriva de la cuantificación. Ya lo sé, por ahí anda el refranero, con eso de que para gustos los colores, pero en esa sabiduría popular nacen algunas de nuestras peores decisiones. Aceptar todo gusto como solvente, cuando la realidad es que para que un gusto alcance consideración tendría que ser explicado y argumentado con cierta solidez. Si no, puede ser simple ignorancia, vocerío, prepotencia, votación en la red por aclamación... Uno no sabe de dónde nace su gusto, pero convenimos en que sin experiencia es imposible la apreciación en su medida. Por eso sería tan necesario que los niños fueran invitados a mirar un árbol, la forma de una piedra, la brisa sobre la orilla de la playa, los reflejos de la ciudad en un charco o las manos de su abuelo. Quizá así comprendería mejor lo que es el gusto, separado de su rentabilidad, de su resonancia o de las corrientes de opinión mayoritarias, tan uniformes como sutilmente inducidas ante la falta de un criterio que debería ser siempre propio. Simple cuestión de gustos.