viernes, 10 de noviembre de 2017

Una Historia de Amor

Es una cortina de fuego que recubre nuestros cuerpos; los nombres que fuimos dando, sin temor, a todas las partes que nos componen pierden ahora su significado y su secreta o tal vez no tanta, razón para existir. Mi piel va creciendo, latiendo como un ruido casi imperceptible y recrea senderos a veces olvidados. Tú la haces crecer por espacios infinitos y hondonadas que afloran entre las llanuras repentinas por la que se mueve. De repente depositas tus manos junto a mi almohada como si fuera un escorpión amaestrado; te veo salir un instante de la habitación pero siento tu mano tibia recorriéndome la cabeza, el cuello... me acaricias los párpados, me besas en la frente; la lengua se abre paso entre mis dientes que aprietan ligeramente los resortes de tu amor para que nunca más salgas de mi mientras yo sigo dentro de ti (allí adentro se está tan seguro...). Finalmente hundes tu puñal finísimo en mi pecho. La muerte llega sin previo aviso con la mano más dulce y el sexo que enraíza como una piel injertada deja un aroma a vida junto a mi cuerpo inerte aun en el tuyo lleno de vida.

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