viernes, 13 de julio de 2018

Ojalá

Da igual si más temprano o más tarde: A la vida de las personas llegamos sin paracaídas. Así mientras que al nacer se hace constar, lugar, fecha y hora; en las relaciones personales cuesta saber en qué momento pasamos de un “casual” a un “vengo para quedarme” o a un “anda y que te la pique un pollo”. Y de esta guisa aparecemos de cara, de culo o de bruces (pero no Sprinsteen, que de Boss solo hay no) y vamos desarrollando eso que se llama vínculos que no dejan de ser piruetas en el tiempo y en el espacio a modo de “prueba/error/acierto/whaaala/Cagoentó”. Entramos y salimos de las vidas de la misma manera que entran y salen de las nuestras. Nos ilusionamos, nos montamos historias y le damos vueltas al círculo en busca de alguna esquina en la que dejar nuestro hatillo y dar un abrazo. Somos seres itinerantes cargados de manías, de energía, de fuerza, de ideas, de problemas y de miles de cosas más. Todos.

Algunas ocasiones, pocas, escasas, contadas, damos con alguien que no solo no cuestiona nuestras rarezas sino que las entiende, las comparte y las respeta. Es entonces cuando de repente te asusta entender que lo que parecía imposible en verdad lo es. Desde ese día el horizonte se convierte un lugar más lejano y por mucho mar que haya, por mucho mar que tengamos nos volvemos náufragos con un mensaje dentro de una botella que lanzamos a ese mar con una pequeña nota escrita a mano en un cachito de papel: Ojalá…!! (Siempre nos quedará una palabra que lo resuma todo y que abra un pequeña grieta por la que se cuele un “No pasa náaa”)

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