lunes, 11 de octubre de 2010

De pavos y cuervos

En U.S.A. a eso de finales de noviembre (el cuarto jueves) celebran el día de Acción de Gracias. Ese día los americanos trinchan a un pavo y le dan las gracias al cielo por ser y estar. Evidentemente si le preguntamos al pavo, maldita la gracia que le hace la acción de ser trinchado, pero hoy en día todo el mundo obvia las necesidades del pavo.

Aquí para dar las gracias nos invitamos a cañas, (El pavo se lo comen, principalmente, aquellas personas que están a régimen y en forma de lonchas), o simplemente no agradecemos nada, que no están los tiempos para ir regalando y cuando recibimos algo ese “algo” suele ser un “moco” y no de pavo precisamente.

Muchas veces desconocemos lo que nos perdemos renunciando a alzar la mirada hacia esa otra mitad del mundo: la que va desde nuestros ojos hacia el cielo. Pasamos la mayor parte del tiempo con la mirada por debajo de esa línea, desde la horizontal al suelo. Por eso la mayoría de la gente conoce mejor el diseño de las aceras que la forma de las nubes, la copa de los árboles o el vuelo de los pájaros. Y eso, viviendo en este país de cielos cambiantes, espesos bosques y tránsito constante de aves, supone una gran renuncia. En otoño, el cuervo de los bosques del macizo del Montseny (A 45 km. De Barcelona) se hace el amo y señor de los cielos.

De repente un áspero lamento surge de entre la niebla. Se trata de un reclamo muy familiar para el naturalista aficionado, la voz de una de sus aves favoritas: el cuervo. Al poco surge de entre las nubes: majestuoso, grande. Con un lento batir de alas se sube a una térmica, que es una columna de aire caliente que hace flotar cuanto suspende en ella. Eso le permitirá descansar planeando con las alas abiertas. Majestuoso, grande. Y nos mira, nos ve correr, discutir, engañar, robar, llorar y se para en una rama y piensa: “Cría cuervos…”
Tal vez por eso en algunos sitios se acaban por comer al pavo, para que no les de consejos de civismo y civilización. O quizás es que bien guisado está muy bueno. Las modas siempre serán cíclicamente pasajeras. Cuestión de tiempo. Claro.



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