martes, 13 de octubre de 2009

Hombrecillos (Una historia que te da paso)

Érase una vez, así que no lo diré más veces, un paseo de peatones ubicado al final de la calle Blasco de Garay y haciendo cruce con la avenida del Paral.lel en la ciudad llamada Barcelona. En dicho cruce habitaba un semáforo con el fin de facilitar el paso de los ciudadanos de a pie por ese lugar y de este modo no sucumbir aplastados por los coches, si bien básicamente su misión era evitar que los coches que bajaban por esa calle no se empotrasen con los que cruzaban por la amplia avenida en ambos sentidos de la marcha. Vaya, que no era el semáforo más importante del mundo pero tampoco estaba mal. Un buen día, o mejor dicho, una buena noche, a la hora del relevo del servicio de “hombrecillos” del paso de peatones llegó el cambio del Verde, eran ya casi las diez, momento en el que los del turno de noche comenzaban su jornada. Rojo Y Verde-Tarde ya se habían bajado de su puesto y se despedían amigablemente de Verde-Noche...: - Que tengáis un buen servicio, compañero. - Gracias, a ver si llega Rojo-Noche que siempre viene justo de tiempo y luego pasa lo que pasa... - ¿No te importa que no nos quedemos? - No, no, tranquilos; seguro que estará al caer... Ya pasaban treinta minutos del horario de inicio y Rojo-Noche seguía sin aparecer, el pobre hombrecillo Verde estaba preocupado. - ¡Qué extraño! – pensó- Nunca ha venido tan tarde. A esas horas no había muchos peatones que cruzasen por allí y como el servicio luminoso para los coches si se había presentado al completo en sus tres elementos, la ausencia de Rojo-Noche no era una catástrofe pero Verde se empezaba a inquietar, a demás no tenía con quien hablar. Se entretenía observando la salida de las buenas gentes que habían acudido al teatro sito a menos de cien metros, realmente eran personas bien distintas entre ellas, eso sí, casi no eran de colores... ¡Qué aburrido se un humano!- se dijo para sí-. Claro, como estaba sólo no se lo podía decir a nadie. ¿quién diablos pierde el tiempo hablando con un semáforo de peatones, eh?. Nadie. - Me hago un par de intermitencias más y me voy a llamarle por teléfono al bar del Antonio, y de paso me tomo un café que la noche está fresquita. Total, la urbana no pasa hasta las doce y media -. Y así lo hizo. El teléfono en casa de Rojo empezó a sonar. - Dígame... – Contestó una voz soñolienta. - Rojo ¿Eres tú? - Sí. ¿quién me llama? - Soy yo, Verde. Tío ¿qué te ha “pasao”? Hace más de una hora que tenías que estar aquí y me has “dejao” más “colgao” que un cuadro. - ¡Coño, Verde! Es que hoy no ando muy motivado para ir a currar. - No me jodas, hombre, que te van a expedientar, en nada tenemos aquí a la patrulla y como se den cuenta que no has venido ya la has “cagao”, despídete de tu traslado a la Diagonal y de tu examen para Indicador del Aeropuerto. - Que se lo metan en el culo, ya estoy hasta los huevos de esperar una promoción, he decidido ser malo, total, ¿de qué demonios sirve ser bueno? Te pasas la vida trabajando por cuatro miserias de mierda, besando el culo a inútiles que no servirían ni de señal de “Obras” para que al final te mueras de una pedrada o un camionazo y vayas al cielo por bueno, te sientes a la diestra del Semáforo Padre con un montón de angelitos gordos y sebosos tocando la puta arpa y con una túnica blanca. ¡Y un huevo!. Ahora voy a hacer lo que me salga de las pelotas, pasando del trabajo y de todo lo que me suponga un yugo a mi necesidad de diversión, a demás yo no tengo ni idea de solfeo. ¿Qué cojones iba a hacer yo con una arpa?. Prefiero el infierno, allí seguro que hay una marcha que te cagas y fijo que no se debe estar tan mal, a caso ¿sabes de alguien que haya vuelto de allí, eh?. - Rojo, Rojo ¿has estado bebiendo o “fumando” o las dos cosas, verdad? - Síiiiiiiii... - Ahora mismo voy “pa-llá” y te doy de hostias a ver si reacciones, que te vas a buscar la ruina, ¡¡¡”atontao”!!!. - Claro, para ti es muy fácil. Tú eres el Señor Verde, la gente está contenta de verte, a mí me llaman de todo y siempre quieren que me vaya. Pues ya lo han conseguido, a demás, tú tienes ese movimiento intermitente que te hace estar en forma, ¡cabrón! Pero yo estoy más “enquilosao” que un cacho de escayola. No amigo, yo me quedo aquí. Pero si te quieres venir te invito a tomar lo que quieras, dentro de nada estarán aquí un par de señales de tráfico de las que empezaron cuando nosotros y será divertido hablar de los viejos tiempos. Vamos, ¡¡anímate El pobre Verde no sabía qué hacer, lo cierto es que él también estaba cansado de ser un simple “hombrecillo verde” de barrio... - ¡A tomar por culo! -. Y Verde se bajó de su garita, cogió prestado un coche de los de “Se avisa a la grúa” que había en una señal de allí al lado y se largó a la Ciutat Vella, donde vivía Rojo. Ríiiiiing!!!. Llamó por el interfono. - ¿Sí? - Soy yo. Ábreme. - ¡Já! Has venido. Sube hombre. El follón que había en casa de Rojo se escuchaba desde el rellano de la escalera, la música a toda pastilla, un montón de humo y voces a punta-pala. Al llegar arriba, cuál fue su sorpresa cuando vio que allí se encontraban también varios hombrecillos verdes y rojos de su zona. - Pero... ¿esto qué es? -. Le inquirió a Rojo. - Una rebelión -. Le contestó éste. - Sí. Verás pequeño – interfirió un hombrecillo rojo bastante mayor que trabajaba tres calles más arriba de ellos -. Yo he estado muchos años trabajando en Estados Unidos y allí ya les formé un pollo como éste. No nos van a utilizar más como simples señales de paso, eso se ha acabado. Fue idea mía y si allí lo logramos, ahora lo haremos aquí. Nos vamos a largar todos a Ibiza a trabajar como luces de discoteca, cuatro meses de curro al año y el resto del tiempo a pegarnos la juerga padre. Eso si que mola. ¿Estáis conmigo o contra mí?. - ¡ESTAMOS CONTIGO!. La noche siguiente fue un auténtico caos circulatorio por la zona del Paral.lel y del Puerto. La guardia urbana no daba alcance a controlar todos los cruces, no había ni un solo hombrecillo de colores en dos kilómetros a la redonda. Unos cientos de metros más allá, justo en el Moll de San Beltrán del Port de Barcelona, un barco con destino a Ibiza brillaba más que nunca y mientras se alejaba una vocecilla procedente de su interior preguntaba curiosa: - ¿Cómo será el Mundo cuando nos pertenezca? Y vete aquí por que en Estados Unidos para pasar los peatones en vez de hombrecillos de colores utilizan el “STOP” y el “WALK”, en rojo y verde, eso sí.

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